Merecido Homenaje a Norberto Capella (por Víctor Hugo Fux, Redacción Diario La Opinión)

 El protagonista de esta sección, podría expresarse con absoluta certeza, tuvo -y sigue teniendo- a la bicicleta como incondicional compañera a lo largo de sus 65 años de vida. Hoy, su pasión se mantiene intacta. Como aquel primer día, cuando siendo un chiquilín, se lanzó a su primera aventura sobre un asiento y pedalenado en busca del destino soñado.
Norberto Vicente Capella tenía que ser ciclista. Inevitablemente. Hijo de Vicente Pedro y Selvina Lacroix, ambos fallecidos, se crió entre las dos ruedas. “Mi padre, mi tío Omar Capella y mi padrino Epifanio Sánchez, practicaban esa actividad; era lógico que desde pequeño me incline por la bicicleta”, señaló Norberto.
Recordó que “empecé cuando estaba en sexto grado de la Escuela Colón, donde hice toda la primaria, con Néstor Maina, los hermanos Ricardo y Angel Bustos, Omar Valiente, Antonio Pérez, Miguel Arnoldt, Oscar Paitubí y muchos otros chicos, todos con un gran entusiasmo; después seguí mis estudios en la Escuela Fábrica (hoy ENET), donde me recibí como Electromecánico, pero nunca abandoné el ciclismo, que realmente me apasionaba”.
“En los primeros años, creo que cuando tenía 12 ó 13, me ayudaron mucho Rodolfo Vico y mi viejo; tuve la suerte de andar bien en esa época, pero a los 18 años dejé de competir, porque el trabajo pasó a ocupar un lugar importante y lo tenía que atender; primero, en el Taller Electromecánico de Amelio Beltramino, que estaba en calle Almafuerte; después en Grossi (Concesionaria Fiat en Rafaela) y más tarde con Jorge Floreal Ternengo, el padre del «Nene» y de Carlitos, que estaba instalado con un Taller Mecánico en la esquina de San Lorenzo y Belgrano”, agregó Capella.
Sobre esta última actividad laboral, sostuvo con pleno convencimiento que “pasé unos años fantásticos, seguramente de los mejores de mi vida; Don Jorge me quería como a un hijo y yo lo respetaba como a un padre, teníamos una relación muy buena y disfruté esos cinco años que trabajé con los Ternengo; le dedicábamos muchas horas del día al auto de carrera del “Nene” -un Torino de Turismo Carretera- y cuando se daban los buenos resultados nos sentíamos muy felices”.
Norberto, en otro momento, expresó su agradecimiento “al ingeniero Libertario Guevara, que me ofreció trabajar en una empresa de Electrificación Rural, que después de haber estado un tiempo en esta ciudad, se fue de Rafaela; otra vez a empezar, me dije en aquel momento, pero felizmente al poco tiempo ingresé como ordenanza al Banco Hipotecario Nacional, cuya Sucursal estaba en bulevar Lehmann y San Martín; después de un año, como necesitaban un administrativo, me presenté, rendí satisfactoriamente y empecé a desempeñar esa función”.
Nuestro entrevistado trabajó en la entidad crediticia “durante veinte años, hasta que cerró la Sucursal; en una época con Norberto Besaccia pusimos una pequeña empresa que se llamaba Trofeos Rafaela y con la que tuvimos una difusión importante como consecuencia de distinguir al Deportista del Mes, con el auspicio del Diario LA OPINION; para comenzar, posteriormente una nueva etapa en a comercialización de ropa, algo que hoy continuamos haciendo, lógicamente, junto a mi señora Mirta”.

LA FAMILIA
Norberto está casado con Mirta Cecilia Cottura desde hace 41 años. Del matrimonio nació un hijo, Daniel (en 1975), quien, como no podía ser de otra manera, tiene una estrecha relación con el ciclismo, primero compitiendo y en la actualidad como entrenador, compartiendo esa tarea con su padre.
Es el mayor de tres hermanos. Carmen y Silvia, son las otras integrantes de la familia Capella.

EL CICLISTA
Corrió desde los 13 años, hasta los 18, en una primera etapa. Después, el obligado paréntesis en su actividad deportiva, por compromisos laborales, hasta que regresó a los 22 ó 23 años, incentivado por Héctor Cassina. “Fue un ciclista excepcional, pero por sobre todas las cosas, un gran amigo que me dio la vida”, rescató.
En esa etapa, Norberto ganó varias carreras, pero recuerda especialmente “los títulos logrados en el Campeonato del Centro de la República y en el Santafesino, los dos en Velocidad”.
También mencionó a otra persona que tuvo muchísimo que ver en su trayectoria deportiva. Y en ese sentido mencionó a “un gran tipo, que me ayudó muchísimo en mi época de ciclista y que me transmitió sus enseñanzas cuando me inicié como técnico, Alberto Rigoni”.
Norberto se alejó de la competencia a los treinta años, después de muchos sacrificios. “Cuando viajábamos a Buenos Aires, tomábamos el tren en Rafaela y nuestra única compañía era la bicicleta, que llevábamos en el mismo vagón, pero todas las experiencias valieron la pena y no estoy arrepentido de nada de lo que hice”, sentenció.
Como entrenador, recuerda entre los integrantes de sus primeros grupos a “Carlos Sismondi, los hermanos Bonomo, Adrián Della Torre, los hermanos Bollati, todos chicos de excelentes condiciones; mi primer campeón argentino fue el esperancino Pilatti, pero después, felizmente, tuve la suerte de conseguir varios títulos con los chicos que entrené; puedo decir, con orgullo, además, que más de trescientos hicieron podios”.
Ultimamente, ya trabajando con su hijo Daniel, sumaron nuevos halagos nacionales y también internacionales, con “Demis Aleman, Mauro Agostini, Luis Vegetti, Fabián Realini y Daniel Del Barco, por citar a los que más trascendieron; la lista puede ser más amplia y también extenderse en el futuro, porque en esta ciudad y en la región tenemos muy buenos deportistas”.

Por Víctor Hugo Fux (Redacción LA OPINION).

norbeFoto Diego Camusso (La Opinión)

 

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